La plataforma de autoservicios de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) se había abierto a la media noche del 10 de agosto para que los aspirantes a nuevos ingreso pudiesen acceder a los resultados del examen de admisión 2013. Los nervios de punta, la incertidumbre, y el miedo a no quedar dentro de dicha universidad eran las sensaciones que en aquel momento reinaban en el interior de Eréndira Ortiz pues este era su segundo intento para poder ingresar a la universidad del Estado.
Al igual que Eréndira muchos jóvenes en Morelos tienen como propósito ingresar a la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla en busca de una formación profesional en lo que es catalogada como la universidad número 19 en el país. Falta de oferta educativa por parte de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) y salir del Estado en busca de nuevas oportunidades acompañados de nuevos retos son los motivos más frecuentes para que los jóvenes tomen dicha la decisión de participar en los concursos de admisión de la BUAP.
“Quedar fuera de tu única oportunidad para estudiar la carrera que quieres en una universidad pública de prestigio es una de las decepciones más grandes que puedas tener como estudiante” contó. Sentada enfrente de su computador durante los primero 30 minutos del día 30, Eréndira esperaba el paradero de su destino que hasta ese punto era dudoso, pues bien es cierto que desde pequeña se había fascinado por el bello arte del dibujo y este era mayor sueño, entrar a la universidad en la su padre estudio hace algunos ayeres. Teniendo negada la oportunidad de estudiar en una ocasión anterior, se encontraba bastante nerviosa, dentro de ella sabía que esta era su última oportunidad, pues, su padre lamentaría a una escuela privada para que pudiese continuar con sus estudios.
Pasando media hora Eréndira se animó a ver sus resultado, respiró hondo y con los dedos temblorosos y fríos como la noche, accedió a su cuenta, buscó su matricula cuidadosamente aun por una para poder alargar el tiempo, pasaban números en su pantalla uno tras otro, cuando de pronto se encontró, en sus ojos empezaron a brotar pequeños ríos llenos de sentimientos, no había quedado dentro, no comprendía por que no había pasado el examen por segunda vez “¿Será no sirvo para estudiar? ¿En verdad soy tan mala estudiando? ¿Qué me faltó? ¿Qué van a decir de mi? ¿Y ahora que hago?” Pensaba.
Desfortuna o destino, aquel día fue pauta para que la vida de la joven de 19 años diera un giro inesperado. La tarde del 15 agosto Eréndira recibió una llama proveniente de Puebla informándole que el Instituto de Estudios Superiores (IES) le había otorgado una beca para que pudiera continuar sus estudios. Ella tras saber que la licenciatura de su agrado no se encontraba ofertada por la UAEM decidió dar un paso agigantado en su vida, se propuso ir sola a estudiar a Puebla.
“Me imaginaba que sería difícil vivir en una ciudad diferente, pero no tan difícil” contó. Pasados 20 días Eréndira se enfrentó a casi todo tipo de cambios, incluso hasta los más mínimos. El número de personas que habitaban en Puebla era mucho mayor en comparación con Morelos, pues las calles poblanas solían cundirse de gente moviéndose como hormigas de arriba a abajo, además, sus distancias eran mucho más largas, las calles en Puebla eran planas y casi perfectamente acompañadas de sus coordenadas, en cambio en Morelos las calles tenían subidas y bajadas y con un perfecto desorden. Por otra parte algunos poblanos solían ser distantes, siempre apresurados por algo y en muchas ocasiones no te miran ni a la cara, los operadores de las rutas manejaban las unidades como si tuvieran un auto de carreras sin importar demasiado la integridad del pasajero, en Puebla no existía la diferencia entre torta y telera, además de la muletilla de responder siempre con un “si pues...”. Todas aquellas pequeñas cosas que hacen la diferencia.
Esta no es la única vez que la vida le jugó chueco, pues infinidad de retos de le interpusieron durante casi 4 años en su camino para poder ser una profesionista. Difícil, cansado y desalentador, emocionante , algunas veces, es así realmente el camino de la vida. Pasan los días, meses o años y al igual que la historia de Eréndira Ortiz muchos jóvenes tienen el entusiasmo de seguir estudiar pero no lo hacen por miedo a separarse de su núcleo familiar, por temor a lo desconocido e incluso por temor a fracasar, lo importante no es como lo logres sino que en verdad lo logres.




