domingo, 5 de marzo de 2017

El viaje


Suena despertador a las 5:40 de la mañana indicando que ya es momento de iniciar el día 1 de Marzo del 2017, como es costumbre pospongo la alarma 5 minutos casi sin darme cuenta a causa del sueño profundo en el que me encuentro, 5:45 a.m. me dispongo a abrir los ojos lentamente pero mis párpados se sienten pesados como piedras, me siento al ras de la cama preparada para sentir el frío suelo en mis pies, pongo un poco de música con la esperanza de que me despierte un poco más y empiezo a prepararme para ir a la universidad un lugar en donde los sueños se forjan y nos preparan como soldados para salir a combatir la batalla de la vida.

Salgo de mi casa a las 6:40 a.m. y lo primero que noto es el ligero aroma a café que atraviesa la calle el cual intentó ignorar pero es prácticamente imposible negarse al olor que te recuerda a casa, me dirijo a la parada para tomar el transporte público intentando caminar lo más rápido posible para recuperar un poco de tiempo perdido, al cabo de un rato puedo observar que no soy la única a quien los sueños la envolvieron en un suave y cálido dormir pues una señora de cabello castaño se encontraba hablando por teléfono dando explicaciones por las cuales llegaría tarde al trabajo.

Preparada para estar sentada y sumida en mis más vagos pensamientos  durante 40 minutos, subo al transporte que casi está completamente lleno, apenas mis pies dejan el suelo la ruta arranca su camino, extiendo la mano para pagar mi pasaje al chofer y lo toma bruscamente, intenté ignorar su falta de amabilidad e imaginé que tal vez el operador esté teniendo un mal día, pero realmente todos los días son buenos solo que tú cambias la manera de verlo. Dentro del transporte se encuentran todo tipo de personas, algunos altos, otros gordos, personas de cabello lacio o cabello chino e incluso con cabello teñido de colores exuberantes, pero a pesar de ello lo que más llama mi atención es una mujer de estatura promedio de piel morena que hablaba con su hijo para despertarlo pero el niño al parecer se encontraba más dormido que despierto así que su madre intentaba despertarlo sangoloteándolo y diciéndole que si no se despertaba lo iba a dejar con el carnicero.

Todos los pasajeros tienen una seriedad bastante notoria como soldados acomodados codo con codo nos dejamos llevar por la calles de Puebla, unos escuchan música con audífonos puestos mientras que la mayoría prefiere dormir aunque ya hace poco apenas despertaron. Salgo de mis pensamientos unos momentos para darme cuenta que ya pasaron 30 minutos de mi viaje, se que voy a llegar tarde y que el tráfico de la ciudad no ayuda en lo absoluto.

Es sorprendente como baja la gente del camión casi sin darse cuenta de su propia existencia, sube y baja la gente como la marea. ¿Por qué no nos damos cuenta de lo afortunados que somos por estar un día más con vida?

La próxima es mi parada, intento pasar entre los estrechos espacios del pasillo pidiendo disculpas por las posibles molestias que les podré ocasionar. Suena el pitido que anuncia mi petición de bajar de este viaje, el operador detiene el camión y abre las puertas lentamente, doy un primer paso y bajo los pequeños escalones con la cabeza agachada y con la ilusión de iniciar una nueva aventura.


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